13 de July del 2018

Para la vida cotidiana III

El título de esta entrada es deliberadamente provocador. Quería llamar tu atención y celebro ver que lo he conseguido. Para tu consuelo (o tal vez decepción), no seré tan prosaico. Por supuesto que hablaré de dinero, dado que, como sostiene «Ō-sensei» Morihei Ueshiba, «la economía es la base de la sociedad. Cuando la economía es estable la sociedad se desarrolla. La economía ideal une lo espiritual con lo material y las mejores mercancías con las cuales comerciar son la sinceridad y el amor», pero no me limitaré a él.
 
 
"En nuestra cultura se nos bombardea con mensajes contradictorios, casi esquizofrénicos, mezclando las viejas letanías tipo «el dinero es malo» con patrones de éxito vinculados al éxito material"
En nuestra cultura se nos bombardea con mensajes contradictorios, casi esquizofrénicos, mezclando las viejas letanías tipo «el dinero es malo» con patrones de éxito que, de un modo u otro, se encuentran vinculados al éxito material. También hay libros sobre cómo convertirse en rico (o millonario, que no es lo mismo) al instante, sobre cómo «llevarse bien» o reconciliarse con el dinero o que llegan a plantear que se puede vivir como se quiera trabajando cuatro horas a la semana. La confusión está servida. Pero detengámonos un instante: ¿qué es el dinero? ¿Qué se espera de él? A decir verdad, lo que cualquiera busca en él es seguridad, libertad y/o experiencias (desde las más materiales a las más espirituales).
 
Indudablemente, para poder optar a todo eso, y sea cual sea nuestra motivación, tenemos que vérnoslas con el mundo real (nada existe por y para sí mismo). Debemos cultivar la cortesía y las habilidades sociales que, en definitiva, no son más que hacer que la otra persona se sienta cómoda, valorada y respetada. Es por ello que, más allá de la cuestión económica, el decoro, la etiqueta, las buenas maneras, y esas cosas que en tiempos de internet parecen habérsenos olvidado, deben constituir una parte importante de nuestro desarrollo personal (y social).
 
 
 
En esta nota hablaré de la administración de la casa (y el buen nombre), no en un sentido doméstico (¡para eso os recomiendo a Marie Kondo, que sabe infinitamente más que yo y de la cual he aprendido grandes consejos fundamentales para la vida casera y mental!), sino como señal de respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás. Por supuesto, también dedicaré algunas palabras a la etiqueta y las buenas maneras desde una perspectiva samurái.
 
 
"Mishima, en sus Lecciones espirituales para jóvenes samuráis, señala que «es precisamente para dar cierto orden a las relaciones por lo que existe la etiqueta"
El Hagakure adopta una posición aparentemente contradictoria respecto a los bienes, aunque tal aparente disonancia se disuelve tan pronto uno profundiza en sus palabras. Por una parte, Yamamoto sostiene que algunos jóvenes de su época tendían al pavoneo y la búsqueda de interés personal (asunto que tal vez pueda extrapolarse a la nuestra), y, por otra, amonesta a aquellos que caen en la dejadez o el descuido al considerarlo una falta de respeto. También reprocha a aquellos jóvenes con tendencia a la sobriedad económica esta actitud (la frugalidad, sin embargo, sí es defendida por Daidōji Yūzan, autor de El código del samuray: El espíritu del bushido japonés y la vía del guerrero). En el fondo de la cuestión, se halla la defensa de las obligaciones para con los demás, —lo que se denomina GUIRI, u obligaciones personales y sociales— (piensa en esa amiga o amigo tacaño…).
 
En este sentido, Yamamoto ofrece consejos cotidianos que encierran una profunda enseñanza espiritual. Por ejemplo, que debemos despedirnos de nuestros amigos e invitados de un modo amable al final de una reunión. Hacerlo de mala gana sería estropear la velada. Es, sin duda, algo a considerar si debemos seguir valorando la amistad de aquellos que se despiden de nosotros entre bostezos, casi como si estuvieran echándonos. A nosotros, por nuestra parte, nos corresponderá no excedernos en la duración de nuestra visita.
 
 
 
A propósito de la etiqueta, Mishima, en sus Lecciones espirituales para jóvenes samuráis, señala que «es precisamente para dar cierto orden a las relaciones por lo que existe la etiqueta, que es capaz de mantener la dignidad del hombre, y sólo dejando traslucir a través de la etiqueta la naturaleza humana es como se aumenta el poder sobre el prójimo». Entendiendo el «poder» en un sentido amplio. A este mismo aspecto se refiere cuando defiende la belleza, incluido el cuidado en la vestimenta, o su gusto por el quimono de algodón espeso de kurume y un hakama de Ogura.
 
Podemos, pues, considerar la etiqueta y el cuidado personal como signos de respeto hacia los demás.
 
 
"A la luz de estas reflexiones cabe reiterar que etiqueta, decoro y cuidado personal no deben verse como meros elementos frívolos"
En este sentido, también en la mayor parte de textos sobre el bushido se alaban la parquedad en palabras (cuanto menos hablemos, menos estupideces diremos, no falla), la compasión, la hospitalidad o el respeto por los mayores. Inazo Nitobe, en El bushido: El alma de Japón, dice: «el decoro, surgido de una motivación de benevolencia y modestia, e impulsado por los sentimientos compasivos hacia la sensibilidad de los demás, es siempre una elegante expresión de simpatía».
 
También la renuncia a la queja es una constante en los tratados sobre el bushido. Pensémoslo un instante; traigamos a la conciencia la imagen de ese amigo o amiga que siempre se está lamentando por todo, pero que nunca hace nada por cambiarlo. O recordémonos a nosotros mismos en dicha circunstancia. La queja no suele resolver gran cosa y es un enorme tostón tanto para nosotros como para quienes nos rodean. Mejor nos olvidamos de ella. ¿Qué podemos cambiar? ¿Qué debemos asumir? No hay otra: acción y templanza.
 
A la luz de estas reflexiones cabe reiterar que etiqueta, decoro y cuidado personal no deben verse como meros elementos frívolos, sino como otra de las maneras de establecer relaciones armoniosas con los demás.
 
Y a propósito de la frivolidad, ¿retomamos la cuestión del dinero? ¿Qué puede decirnos el bushido al respecto? ¿Cómo podemos servirnos del código del guerrero para vivir una vida más plena?
 
 
"Si queremos prosperar en la vida debemos hacer gala de un profundo respeto hacia los demás"
Trataré de ilustrarlo con un ejemplo. Y nada mejor en este contexto que recurrir a un escritor o escritora que trata de abrirse camino a través de la selva de manuscritos inéditos y sueños truncados. Por supuesto, en el fondo de su corazón se halla la idea de que, en el caso de que consiga que publiquen su magnífica novela («no te dejará indiferente»), logrará ser rico y famoso. Dejemos que la realidad se vaya desnudando suavemente… Mientras tanto, nuestro escritor o escritora se encuentra en la casilla de salida. Necesita destacar, necesita gritar a los cuatro vientos que hay un antes y un después en la historia de la literatura a partir de su trabajo. Y lo hace a través del autobombo, el lamento y la descalificación del universo editorial, la «competencia» e incluso los lectores y lectoras. Bien, no necesito una bola de cristal para saber que nuestro aspirante no logrará hacer «dinero».
 
 
 
Todo le iría mucho mejor puliendo su escritura (receta exprés: escribiendo mucho y leyendo más todavía) e ir cultivando una masa crítica de lectores y lectoras a través de la cortesía, el respeto, la tolerancia, la gratitud y la educación. Lo mismo podría aplicarse a la búsqueda de editorial.
 
 
"Ni las palabras huecas ni la protesta constante son buenas aliadas"
En otras palabras, si queremos prosperar en la vida —cada cual a su ritmo y de acuerdo a sus inclinaciones e intereses— debemos hacer gala de un profundo respeto hacia los demás. Debemos mostrar una actitud de servicio, solidaridad y cooperación. Ni las palabras huecas ni la protesta constante son buenas aliadas. Al contrario, son dos de los enemigos a abatir, ya que sólo nos boicotearán y harán que nuestro progreso sea o bien lento o bien inexistente.
 
Asimismo, tenemos que desarrollar una fuerte confianza en nosotros mismos, sin caer en la altanería o el aborrecible narcisismo. Esta confianza debe basarse en que el único fracaso reside en no intentar nada, en la idea de que permanecer en la complacencia o en la queja son estrategias abocadas al fracaso. Cultivando nuestros puntos fuertes, mejorando los débiles, aplicando sin cesar la idea del kaizen (o mejora constante), afilando nuestras armas, fluyendo como el agua en lugar de como el hierro y trazando un plan flexible pero preciso, lograremos abrirnos paso incluso a través de un ejército enemigo.
 
La clave reside en la acción, y es por ello que la próxima entrega estará dedicada a analizar cómo podemos calibrarla, cómo ajustar el timing y maximizar la potencia de nuestros «ataques».
 
Banzai!!!