23 de April del 2020

Cuando la perfección personal es ajena al sexo en las parejas

¿Qué pasa si se encuentra a la persona con la que todo es "perfecto" a excepción el sexo? ¿Uno debe resignarse? Lo único seguro, según coinciden varios sexólogos, es algo que es mucho más frecuente -y con repercusiones más importantes- de lo imaginado.
¿Puede funcionar una pareja resignada a vivir sin sexo?
"Desgraciadamente, ocurre mucho más de lo que puedas imaginar".
¿Son felices o pueden llegar a serlo?
"Si ponemos la felicidad sobre una escala del 0 al 10, evidentemente, no alcanzan el 10, pero a algunas personas les basta un 7 y, a otras, incluso un 5".
Así empieza la entrevista de Smoda con Esteban Cañamares, psicólogo y sexólogo al frente de Epec Psicólogos con la publicación Moda El País, en la sección Sexo. Aunque es un hecho constatado que esta generación mantiene menos relaciones sexuales que las anteriores, hay muy pocos estudios sobre el celibato involuntario relacionado con la insatisfacción dentro de las relaciones monógamas. Según la investigación de la profesora de sociología de la Universidad de Georgia State, Denise A. Donnelly, al menos el 15% de las parejas casadas no ha tenido sexo desde unos seis meses antes de la consulta.
 
Ritmos paralelos
 
¿Quién es susceptible de encontrarse en una relación en la que todo es (más o menos) perfecto, excepto el sexo? Todo el mundo: la incompatibilidad sexual no entiende de género, edad, orientación o raza. Pocas cosas hay más caprichosas y personales que el apetito sexual de cada uno y, por tanto, pocas combinaciones hay más raras e infrecuentes que dos personas con idénticos gustos y ritmos eróticos.
Lo ideal es llegar a un entendimiento en las zonas comunes que satisfaga a ambas partes y, si esto ocurre, no habría demasiada disonancia entre sexo y afecto. Pero, como explica el sexólogo, "a menudo, simplemente es que no tenemos el mismo estilo de estar en la cama porque -es importante recordarlo- en la cama tenemos que ser y sentirnos profundamente espontáneos".
¿Ejemplos? "Hay personas a las que les gusta un ritmo lento, tranquilo y deleitoso y a otras, sin embargo, les excita un ritmo fulgurante, de relámpago y destellos; para algunas personas es más gratificante cuando todo es previsible y saben que después del paso A vienen el B, el C y el D, mientras que, para otras, es todo lo contrario y prefieren innovar, saltarse un paso, retroceder, etc.; también hay quien encuentra muy excitante ser muy expresivo y sonoro en la cama y hablar sucio, cuando para otros todo eso es inapropiado. Y cómo éstas, muchísimas posibilidades más", prosigue el sexólogo, que insiste: "Un estilo no es ni mejor ni peor, simplemente es diferente".
Laura Oliveros Nuñez, psicóloga y sexóloga en Psigo, explica: "A algunas personas les gustan ciertas cosas en sus relaciones sexuales que la otra persona no está dispuesta a hacer. Aquí cada uno debe de valorar cómo de importantes son sus propios gustos, si podría ser feliz no satisfaciendo el 100% de sus necesidades y deseos".
La ecuación ya es complicada si uno se ciñe a la mera disparidad erótica de dos amantes sin complicaciones que simplemente prefieren platos muy diferentes del menú.
 
Temas escondidos
 
Pero también son muchas las parejas bien avenidas cuya incomodidad sexual esconde algo más: que uno de los dos sea asexual (si lo son los dos no habría ningún problema que solucionar), que exista alguna discapacidad o inconveniente físico y/o un trauma psicológico (por ejemplo, víctimas de abusos), o -un factor muy frecuentemente enmascarado- el deseo inconsciente de sabotear la relación.
"Hay personas que tienen miedo a depender excesivamente de sus parejas y siempre les buscan alguna pega, por ejemplo el sexo. Cuando a una persona le sucede esto sistemáticamente en todas sus relaciones, quizá el fallo no esté en sus amantes, sino en un miedo subconsciente propio", explica Cañamares. Pero hay más, añade que también existen casos en los que a uno de los miembros de la pareja le produce mucho placer conocer gente nueva y mantener relaciones sexuales esporádicas con esas personas, pero quieren a su pareja y no pretenden dejarla. Son adictos al ritual de conocer a alguien y no ven cómo pararlo. Es como una adicción".
 
Auxilio rofesional 
 
En todos estos casos, desde quien se autosabotea hasta los adictos a los encuentros furtivos pasando por quien sufre daños psicológicos o físicos, la única solución es recurrir a un especialista. "Siempre que no funcionen las relaciones sexuales en una pareja es conveniente acudir a un profesional: lo primero es averiguar la causa y, cuando la sepamos, buscar soluciones a ese motivo en concreto", explica Oliveros.
"Si hay una causa física que lo justifique, como una enfermedad grave o crónica, es más fácil de aceptar el no tener relaciones sexuales que cuando la causa es psicológica o de diferencias. Muchas parejas intentan resolver este problema haciendo cosas originales como comprar juguetes o leer literatura erótica, pero sin un profesional que les guíe, solo van a conseguir frustración, porque prueban y prueban, y no llegan a resolver nunca lo que les preocupa. Hay que perder la vergüenza de acudir al psicólogo o al sexólogo, no hay que esperar a que el problema se enquiste, o al final la relación se irá deteriorando en otras áreas", advierte la especialista.
 
Imaginario perfecto
 
En las comedias románticas y los cuentos, el The End llega cuando la pareja protagonista se besa y/o contrae matrimonio, algo que perpetúa en el imaginario colectivo el mito de que es fácil, natural, automático, romántico y normal que si has conectado con una persona tengas en ella la garantía de lo que la psicología llama una relación fulfilling (que cubre todas tus necesidades o pareja 360).
Además de las ilusiones made in Disney, hay otros entrampamientos. "Ahora, prácticamente nadie llega virgen al matrimonio, pero hace no tanto lo habitual era descubrir sexualmente al otro en la noche de bodas, lo cual era era una temeridad y se daban más casos de incompatibilidades sexuales", cuenta el sexólogo Esteban Cañamares. En el siglo XXI, sucede otra versión, según explica Oliveros: "Hay muchas parejas que se conocen por internet y se enamoran antes de conocerse en persona, ¿qué pasa si luego uno de los dos no está satisfecho con las relaciones sexuales? Hay varias opciones, desde dejar la relación a ir aprendiendo poco a poco lo que le gusta a cada uno para estar los dos contentos. Pueden hacerlo solos experimentando o con ayuda de un profesional en sexología".
 
Salidas mínimas
 
Digamos que se ha probado todo y que aún así el sexo es mediocre y aburrido. ¿Qué se hace con una persona con la que todo es (razonablemente) perfecto, salvo la intimidad? "En el caso de que sean ciertos aspectos imprescindibles para uno, hay pocas opciones, o se deja la relación o que la otra persona dé el consentimiento de que el otro pueda satisfacer sus gustos con una tercera persona, pero este último supuesto se da en pocos casos", responde Oliveros. Cañamares coincide: "Hay que decidir, o aguanto ese displacer sexual porque la persona en lo demás me gusta mucho, o corto antes de que sea tarde, o busco fuera de la pareja ese componente, es decir, tener el afecto por un lado y el sexo por otro". Y añade: "A veces se dan infelicidades dobles por este asunto, y ambos se buscan el amante que llene ese vacío".
"El precio es lo que pagas. El valor es lo que recibes". Una de las citas más célebres de Warren Buffett es tan válida para el capitalismo como para las parejas felices-pero-sexualmente-incompatibles. El valor que recibes en la transacción es afecto y seguridad. El precio que pagas a cambio no es pequeño. Para empezar, lo más normal es que el sexo pase de mediocre a ser inexistente. "Está claro que, aunque al principio esto le pase solo a una de las dos personas, a la larga se convierte en un problema para los dos. Porque, cuando uno sabe que no va a encontrar satisfacción, no va con ánimo a la cama y dejará de buscar al otro. Antes o después, ninguno estará satisfecho", vaticina Cañamares.
 
Si gusta repite
 
Publicado en The Journal of Sex Research, un estudio avala esta reflexión: analizados 22 hombres y 55 mujeres heterosexuales en relaciones de larga duración, se comprobó que cuando el sexo era satisfactorio, lo habitual era buscarlo y repetir, es decir, tanto hombres como mujeres se convertían en iniciadores de un nuevo encuentro. En cambio, cuando las relaciones eran insatisfactorias, al principio, una de las dos partes actuaba como iniciador o iniciadora, pero se encontraba a menudo con negativas y excusas de su pareja. Con el tiempo, ante la sensación de rechazo, esos iniciadores dejan de buscar a su pareja.
 
Llegados a esa fase, prosigue el sexólogo, es fácil que se produzcan muchísimas infidelidades, consensuadas o no, dobles o no. Pero también hay otro precio que se puede llegar a pagar, más desconocido y menos evidente.
"Estar en una relación en la que el sexo no satisface es a veces detonante de muchos problemas de obesidad y adicciones, porque si una persona no tiene sexo durante mucho tiempo puede acabar, inconscientemente, buscando otros placeres para compensar. Si se abusa del alcohol el riesgo puede ser el alcoholismo y si se recurre a la comida, la obesidad, por poner unos ejemplos".
Un equipo de la Universidad de Georgia (el mismo que descubrió que al menos 15 de cada cien parejas consolidadas no practican sexo regularmente) reveló en un estudio que quienes viven en un celibato involuntario por la causa que fuera, ya sean heterosexuales, bisexuales, homosexuales o transexuales, reportan sentimientos que van de la frustración a la depresión severa.