23 de April del 2018

Elecciones en Paraguay dan triunfo al continuismo

El candidato oficialista de Paraguay, Mario Abdo Benítez, (foto), un joven conservador que tiene lazos con la última dictadura, triunfó el domingo en las elecciones presidenciales con su promesa de mantener el rumbo económico y atraer más inversiones al país.
Abdo, del gobernante Partido Colorado, logró el 46,46% de los votos frente al 42,72% de su principal rival, Efraín Alegre, de la alianza opositora de centroizquierda, con el 98% de las mesas computadas. “El resultado es irreversible”, informó el jefe del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), Jaime Bestard.
La victoria de Abdo fue mucho más estrecha de lo proyectado por los sondeos previos e incluso por algunas encuestas a pie de urna el mismo domingo y llevó a su rival a no reconocer la derrota.
El ganador, hijo del secretario privado del dictador Alfredo Stroessner, que gobernó Paraguay con mano de hierro 35 años hasta 1989, llegó a la candidatura venciendo a la poderosa corriente del actual mandatario Horacio Cartes.
“Se acabaron las divisiones estériles”, aseguró Abdo, de 46 años en su discurso tras la victoria ante miles de simpatizantes que agitaban banderas rojas y bailaban frente a la sede del partido.
 
Construir juntos
 
“Nuestras diferencias tienen que servir para construir (...) nosotros somos constructores y todos sean bienvenidos quienes quieren construir una patria justa, una patria con equidad, una patria con moral, con instituciones fuertes, independientes”, agregó en sus primeras palabras, recordando también a su padre, cuya tumba visitó el mismo domingo.
Abdo representa la continuidad y propone tributos bajos y exenciones para estimular la inversión extranjera y la producción agrícola de Paraguay, cuarto exportador mundial de soja y un importante productor de ganado.
El ex senador educado -en Estados Unidos y conocido como “Marito”- indicó que quiere tender lazos con China sin comprometer su vínculo diplomático con Taiwán.
“Él (Abdo) carga con el tema de su pasado pero creo que ahora tiene la oportunidad de demostrar que es otra cosa y apostar más por la gente, invertir más en salud, en infraestructura. Yo creo que él nos va a mostrar algo diferente”, dijo Lorena Ramírez, de 30 años, vistiendo una camiseta roja que decía “Marito”.
 
Espera infructuosa
 
Desde su búnker, Alegre no reconoció la derrota y dijo que iba a esperar los certificados definitivos de las actas.
“Vamos a avanzar en este proceso (...), son resultados preliminares”, dijo a los periodistas. “Es posible que sea irreversible, pero vamos a analizar sobre resultados definitivos”, indicó.
Alegre había prometido gobernar para los que menos tienen, salud pública gratuita y bajar la tarifa de la energía eléctrica para aprovechar la producción de las gigantes hidroeléctricas Itaipú y Yacyretá, que Paraguay comparte con Brasil y Argentina.
En los últimos días llamó a los paraguayos a votar en favor de la democracia y no “del pasado” al que señala a Abdo como representante.
El Partido Colorado gobernó Paraguay las últimas siete décadas con la excepción del período 2008-2013. 
De acuerdo con resultados parciales, el partido gobernante podría perder escaños en el Congreso, que renueva 80 bancas en la cámara baja y unas 45 en la cámara alta. 
 
Viento a favor
 
Abdo, que asumirá el 15 de agosto por un periodo de cinco años, podría tener que hacer concesiones para asegurar apoyo en el parlamento, pero hereda un país con una economía que ha crecido sostenidamente en los últimos años gracias a las exportaciones de materias primas como la soja y a la inversión privada. Pero tiene una distribución muy desigual de la riqueza y más de un cuarto de la población está en la pobreza.
El saliente mandatario, quien intentó sin éxito cambiar la Constitución para postularse a un segundo período consecutivo, es candidato al Senado, al igual que los expresidentes Nicanor Duarte Frutos y Fernando Lugo.
“Yo lo que deseo realmente es que (el próximo presidente) sea un patriota. Y que luche contra la corrupción que tanto mal le hace a nuestro país”, dijo Miguel Fernández, un funcionario público de 33 años.