20 de April del 2018

Manual para entender la filtración y el negocio de datos

Tratemos de entender la magnitud de la exposición de datos privados y personales que de Facebook pasaron a una empresa británica de análisis de datos (Cambridge Analytica) y que luego se las vendió a campañas políticas, entre ellas la de Donald J. Trump en 2016. Y para hacerlo más efectivo, vamos a intentar sentirlo en carne propia.
Para empezar, tomo mi teléfono móvil y abro la aplicación con mi cuenta de Facebook.
 

Una vez que estoy dentro -y enterarme de la última salida a pedalear de mi amigo Rodrigo- busco en la pestaña que está en la parte inferior a la derecha para dirigirme a las configuraciones de privacidad

Ahora tengo la posibilidad de ver la configuración sobre quiénes pueden ver mis posteos. En mi caso lo tengo configurado para “solo amigos” pero bien podría ser “público” o “sólo yo” aunque eso solo aplica para los usuarios mortales y comunes como uno. Detrás están los que se enteran de todo, más allá de la configuración que hayamos elegido.

En este punto me doy cuenta que los datos que tengo abiertos son una cuenta de mail, el lugar donde nací, algunos trabajos (anteriores o actuales) otros datos no menores como mi dirección y otras cosas más. Todas personales y todas puestas voluntariamente por mí de acuerdo al pacto que me propuso Facebook y que acepté al demostrar mi conformidad con los Términos Condiciones de la Política de Privacidad.

Si sigo cliqueando “siguiente” me encuentro con las aplicaciones que diferentes desarrolladores me ofrecieron y yo elegí y acepté que se vincularan con mi cuenta de Facebook. Esto les da derecho a disponer de toda mi información y LA DE MI RED DE CONTACTOS. Sus “likes” sus comentarios, sus redes de amigos, sus aficiones, aquellas cosas que tenemos en común o que nos separan y por supuesto, también todas las manifestaciones de cosas que no nos gustan o estamos en desacuerdo.

Echo un vistazo y hago un “scroll” por la aplicación y me doy cuenta que son decenas de aplicaciones de diferentes desarrollares y sé que en muchos casos hay gente que tiene cientos y cientos de aplicaciones vinculadas.

No son pocas las empresas que disponen de mis datos y que, ciertamente, los van a utilizar para ofrecerme contenidos de todo tipo de acuerdo a mis gustos e intereses. Además, los algoritmos de Facebook me harán llegar noticias de acuerdo a estos patrones que se estudian a fondo y a su vez van a tener la habilidad de que aquellos que ponen publicidad en Facebook no pierdan dinero mandándome publicidad sobre “Clases de Tiro” porque no soy su público, mientras que si alguien quiere comprar publicidad para ofrecer hermosas bicicletas en Montevideo, claramente voy a estar en su público objetivo.

Nosotros y las redes

Facebook sabe muchísimo de mis intereses y aficiones pero hay algo más importante todavía: Facebook sabe y recopila mis opiniones ya sean a favor o en contra de cualquier tema por más o menos sensible que sea. Entonces ¿qué pasa cuando esas opiniones multiplicadas por miles de usuarios se convierten en millones y en total llegan sumar mas de 2 mil millones de cuentas en el mundo entero?

El problema ahora no es que Facebook sepa tanto  o más de mi que mis amigos o familia sino que esos datos lleguen a una oscura firma de análisis de datos británica (entre ellas un volumen cuantioso de opiniones, simpatías y desencantos) como Cambridge Analytica que trabaja para candidatos en campañas en mas de 150 paises. Y por encima de todo… ¿cómo los obtuvo?.

Cambridge Analytica tiene nombre de banda alternativa que podemos ver un en un Lolapalooza pero no. Es mucho más que eso.

Para los que seguimos la política internacional, es una empresa que se dio a conocer porque fue contratada por la campaña de Donald Trump en 2016 y que esta semana se convirtió en uno de los escándalos globales del año (si no termina siendo el más grande) al revelarse que obtuvo los datos de 50 millones de usuarios de Facebook mediante acciones violatorias de los términos y condiciones de privacidad de Facebook.

Vale decir que en el marco de la investigación de The Guardian, New York Times y Channel Four, también se expuso que una de sus prácticas habituales para los candidatos/clientes era recurrir a viejas prácticas (menos tecnologícas) como ofrecer coimas a sus rivales y registrarlos con cámaras ocultas, enviarles trabajadoras sexuales y fotografiarlos. Es decir, las más bajas artimañas políticas tratando de explotar los puntos vulnerables de los rivales de sus candidatos.

En 2016 las caras públicas del análisis de datos de campaña eran Alexander Nix, CEO de la empresa y el Vicepresidente de Cambridge Analytica Steve Bannon.

Bingo! el principal asesor de campaña de Donald Trump, hasta entonces conocido como uno de los máximos referentes de la extrema derecha conservadora de EEUU y dueño de uno de los periódicos más influyentes y populares entre los supremacistas blancos, nostálgicos del Ku Klux Klan y abanderados del nacionalsocialismo en EEUU en el siglo XXI.

¿Cómo se vincula todo con la campaña de Trump?

En 2015 Cambridge Analytica acordó trabajar en sociedad con un profesor, investigador de sicología de la Universidad de Cambridge de Nombre Paul Kogan.

El reconocido investigador Kogan, desarrolló un test de personalidad llamado “This is your digital life” atractivo y con muchos componentes lúdicos en su presentación. Ese test fue aprobado por Facebook para que los usuarios pudiesen participar de la experiencia de la cual participaron de forma voluntaria 270 mil usuarios de la red social que fundó y preside de Mark Zuckerberg.

Con la información que brindaron estas 270 mil personas en EEUU construyó un perfil conductual y un extenso y profundo estudio de los comportamientos de masas en áreas específicas de la geografía de EEUU.

A Cambridge Analytica le interesaba demasiado saber cómo elaborar mensajes diseñados a medida de los votantes de determinadas ciudades y comunidades o grupos de votantes para las elecciones de 2016 en EEUU y se formalizó la asociación entre Kogan y Cambridge Analytica (CA).

En este punto, vale decir que todavía se investiga si Kogan vendió a CA los datos de su investigación o si CA financió el experimento a través del profesor para luego utilizar los datos y, lógicamente, todos se quieren sacar la culpa y se señalan mutuamente

A esta altura ustedes se pueden preguntar como los datos de 270 mil personas en EEUU pueden ser valiosos en una campaña donde en total votaron mas de 130 millones de personas.

Bueno, así como todos los usuarios pueden vincular sus cuentas de Twitter, Instagram, Tinder, Uber, Lyft (y decenas de miles de otras aplicaciones) 270 mil vincularon la App de Kogan a su cuenta de Facebook.

Esta fue la puerta de entrada a los datos de estos usuarios pero también a los de sus redes de amigos y todas sus conexiones. Cuando decimos conexiones hablamos de todos los datos y patrones de comportamiento de un total de 50 millones de usuarios de Facebook en EEUU. Sí, 50 millones de votantes registrados en este caso.

Ups!

Si bien estas 270 mil personas entregaron sus datos y los de sus amigos o conexiones a Kogan esto no es violatorio de ninguna de las políticas de privacidad de Facebook o de sus desarrolladores de aplicaciones o de aquellas aplicaciones vinculadas a Facebook. Por más absurdo que suene, cada vez que vinculamos una aplicación a la red social no solo entregamos nuestros datos sino también los de nuestros “amigos”, así como muchos de ellos entregan los nuestros a terceros sin que nosotros nos enteremos.

Esta política tan peligrosa y volátil fue cambiada en los términos de acuerdo de Facebook y ya no se accede a más a los datos de los “amigos”. Pero eso fue después de la violación de Kogan y Cambridge Analytica

Cambridge Analytica se ufana de haber trabajado en la “modificación de comportamientos y corrientes de opinión” en más de 200 procesos electorales, en mas de 100 países desde Sierra Leona a Estados Unidos pasando por Argentina

Sin embargo, si los datos fueron a parar a Cambridge Analytica eso sí constituye una flagrante violación porque Facebook establece que si uno es desarrollador como tercera parte involucrada, los datos obtenidos no pueden ser compartidos de la forma que fuere con otras empresas o particulares.

Es muy loco pensar en la gravedad de la violación de datos y que para el que incumplió formalmente la pena es la sanción de que quedar suspendido como desarrollador o socio puntual de Facebook. El crimen y el daño ocasionado a las víctimas del robo de datos es de una magnitud infinitamente superior a la sanción que le cabe.

Facebook está cerrando quizás la peor semana en su historia. Una crisis de reputación que le ha hecho caer en picada en la bolsa, explicaciones primarias que no convencieron a nadie, una pérdida de valor de mercado superior a los US$ 50 mil millones y encima, Zuckerberg fue convocado para dar explicaciones sobre todo lo que ocurrió ante el Congreso de EEUU (por la campaña de Trump) el Parlamento Británico (Campaña del Brexit) y el Bundestag de Alemania por la violación masiva de datos. Eso por ahora, ya que Cambridge Analytica se ufana de haber trabajado en la “modificación de comportamientos y corrientes de opinión” en más de 200 procesos electorales, en mas de 100 países desde Sierra Leona a Estados Unidos pasando por Argentina.

Pero… ¿Y NOSOTROS?

Mucha gente, como meros usuarios de redes sociales que son “gratuitas”, se preguntan “¿cómo ganan plata estas empresas? Si nosotros no pagamos un peso por ver el cumpleaños de nuestra sobrina, o las vacaciones de la vecina, es por que NOSOTROS SOMOS EL PRODUCTO QUE VENDEN LAS REDES SOCIALES.

En términos comerciales, somos los que les estamos diciendo a las empresas qué nos gusta, qué no nos gusta, qué nos gustaría tener y no tenemos, cuánto podemos pagar y a eso le agregamos los datos de nuestra familia, donde vivimos, como contactarnos por email, a que hora nos encuentran conectados y hasta cuando es el mejor momento para vendernos algo porque somos humanos y tenemos cambios de humor. Y los algoritmos saben mucho más de lo que pensamos sobre los humanos.

En términos políticos, como vecinos, ciudadanos, contribuyentes y votantes, somos la materia prima, el insumo principal para que complejos algoritmos de analítica avanzada e inteligencia artificial determinen patrones de comportamiento y poder llegar a influir en nosotros mediante simples mecanismos de “plantar” información.

¿Escucharon hablar de “Fake News”, “Bulos” o “Bolazos”? 

Todos los días estamos recibiendo fárragos de videos, audios, textos, recortes de prensa, fotos, a veces de origen fidedigno y muchas veces de origen oscuro pero que están específicamente diseñados para confirmar nuestras creencias en algunos casos o desacreditarlas según le convenga al que tiene nuestros datos y quiere nuestro voto o al menos nuestro apoyo.

Todos los días puede nacer un nuevo tema que se instala en la campaña y todos los días puede “desaparecer” un tema que hasta ayer era lo más caliente en la campaña.

Compartimos, ponemos “me gusta”, retuiteamos y la máquina se alimenta de esa misma actividad y los datos se multiplican a ritmo de vértigo para que una empresa como Cambridge Analytica los procese y le diga al candidato a intendente de su ciudad qué está reclamando la gente.

Pero eso ya lo sabíamos antes ¿verdad? Para eso está la política del mano a mano y el cara a cara. Para eso los candidatos recorren los barrios y tocan timbre a los vecinos.

Sin embargo, si mañana yo soy candidato a Intendente de Montevideo (por poner un absurdo) y tengo en mi campaña datos específicos de cuánta gente está dispuesta a votarme en Malvín y por qué no me votan los otros. Si a eso le agrego que tengo las direcciones de correo y hasta de puerta y los perfiles sociales de donde están esos que no me quieren votar, entonces puedo diseñar una campaña para que a ellos le llegue exactamente lo que quieren escuchar de mi boca y mucho mejor aún! si decido ir a tocarles timbre para hablarles de mi propuesta puedo llegar a la puerta de la casa habiendo leído un buen informe de todos los datos y gustos de la familia entera. Datos e informes que entregaron ellos mismos y que, sin saberlo, fueron a parar a mí.

Justo a mi! El peor de los candidatos que podría tener Montevideo.

O cómo creen que llegó a la presidencia de Estados Unidos un señor que se llama Donald Trump.

Este artículo fue escrito por el periodista uruguayo Martín Sarthou, y publicado en su blog MRTNSRTH