8 de July del 2021

Mbappé, un astro comprometido con los temas sociales

“Conozco el peso que tengo, el peso de mis palabras, el peso de mis actos”. “Quiero ayudar porque a mí me ayudaron… Es la historia de la vida, te dan y tú lo devuelves”. “Un gran deportista está obligado a ser alguien comprometido en los temas sociales”. “Creo que lo importante es unir en torno tuyo. Transmitir cosas”. “Mis elecciones están siempre guiadas por la pasión. Claro que el dinero es importante, pero mi carrera como futbolista es la gran experiencia de una vida, y no puedes pasarte una vida pensando en el dinero”.
Todo este monólogo lo dice un joven de 22 años que, además de ser una estrella planetaria, ahora es también un "apestado".
Todas estas palabras equilibradas, sabias, aparentemente banales -aunque para nada y sobre todo poco lógicas- casi imposibles en un futbolista (lo han adivinado: no llamó Dios a este gremio por los caminos de la oratoria) salieron de la boca de Kylian Mbappé, aún jugador del Paris Saint-Germain, aunque con una importante lista de pretendientes en este planeta y en los demás (y, si no, que se lo digan a Florentino Pérez, que, según sostienen algunos de los sabios de la prensa deportiva, lo tiene amarrado desde hace meses aunque ahora, parece que no tanto).
 
Antes del descenso
 
Esas frases salieron en una entrevista exclusiva publicada por el semanario francés L’Obs. Salieron antes del infierno, o sea, antes de que Mbappé —­en adelante, el apestado de los ignorantes— fallara el penal decisivo contra Suiza en octavos de final de la Eurocopa.
Era el héroe de un país: Francia. No solo eso, también el de todo aquel a quien le gusta el fútbol más allá del resultado, el nacionalismo deportivo y los mercachifles habituales.
Ahora es un apestado. Al parecer, estaba sobrevalorado, no es lo que parecía, corre mucho pero luego no define y blablablá.
Lo han vuelto a adivinar: todo el mundo cree saber de fútbol, uno de los temas de los que menos sabe la gente. La entrevista de L’Obs, que provocó un gran revuelo en Francia —­aunque no tanto como el fallo del penal—, es para enmarcar y leérsela a los jovenes cuando firman su primer contrato profesional. Que la estética de la belleza, la explosión y la eficacia de este futbolista superdotado cuadren con la ética de sus palabras y con lo que parece un compromiso moral de verdad con la sociedad en la que vive este francés orgulloso de serlo resulta conmovedor, casi milagroso.
 
Mala fama
 
Mbappé viene de Bondy, uno de esos suburbios calientes de la periferia de París. Él asegura que, por lo general, de un lugar así los medios solo cuentan las cosas malas. Su padre es camerunés y ha trabajado siempre como educador deportivo. Su madre es de origen argelino y jugó en el balonmano profesional francés.
Llevaron al chico a un colegio católico y estricto porque se les estaba desmadrando. Siguen viviendo todos juntos, con el hermano pequeño del futbolista, Ethan. ­Mbappé no tiene representante. Sí una abogada, Delphine Verheyden, que ejerce como un pitbull capaz de gestionar la carrera de un icono social (salvo que acabe ganando el apestado, aunque será difícil que desistan los 50 millones de seguidores que tiene en Instagram) y una máquina de fabricar dinero: 25 millones de ganancias al año y un valor en el mercado de 200.
 
Sucesor de Pelé
 
Mbappé ganó el Mundial hace tres años. Ha metido 175 goles desde que debutó como profesional (Mónaco) y 42 solo en la última temporada. Pelé dijo que era su sucesor. El exjugador y compatriota suyo Nicolas Anelka dijo que sería el sucesor de Ronaldo y de Messi. Habrá que esperar. Y seguir disfrutando de su zancada de guepardo. Pero falló un penalti. Y el mundo se vino abajo. según sostiene Borja Hermoso en El País de Madrid.