13 de July del 2018

Para la vida cotidiana, de El País

Bushido para la vida cotidiana (I): Devoción por la muerte
Por Gabri Rodenas (El País, de Madrid)
 
Vaya, vaya, parece que vuelvo a desviarme de mi camino. Se está convirtiendo en algo tan habitual que comienzo a preguntarme si el camino no es, en realidad, lo que se esconde detrás de su aparente linealidad, lo que permanece oculto tras el follaje.
 
En cualquier caso, me enorgullece presentaros esta pequeña sección que Zenda ha tenido a bien acoger. Aunque estimo que su nombre es de por sí lo suficientemente claro, no está de más señalar un par de aspectos: el primero es que yo no soy (ni pretendo serlo) un coach o algo por el estilo, tan sólo un escritor fascinado por la cultura y la filosofía orientales, japonesa sobre todo, desde que entré en contacto con ella en mi adolescencia. La segunda cuestión es que mi visión del bushido, a pesar de practicar aikido en mi vida cotidiana, se aproxima más a un código ético que a un conjunto de normas y reglas orientadas únicamente a la lucha (en un sentido físico).
 
 
"En tiempos de turbulencia como los que vivimos, la ansiedad comienza a convertirse en una segunda naturaleza para la mayor parte de los seres humanos"
He llegado a la convicción de que el budo es una herramienta diseñada para alcanzar un mayor conocimiento sobre nosotros mismos y un modo de conducirnos por la vida incluso ante las adversidades. Asimismo, y por curioso que pueda resultar, advierto que no es tan distinto de otras enseñanzas, digamos, occidentales como el estoicismo, los principios de la caballería, las aventuras de Rudolf Rassendyll en esa patria que da nombre a esta nuestra casa, ¡e incluso Platón! (¿acaso hay alguna diferencia entre la devoción samurái por la muerte y la idea platónica de la filosofía como preparación para la misma?). Ahora bien, al menos desde mi punto de vista, «el camino del guerrero» oriental es mucho más sofisticado y profundo que el esbozado por nuestra tradición.
 
Más allá de estas consideraciones y otras disquisiciones más o menos filosóficas, la pregunta que da pie a esta serie de entregas es: ¿cómo podemos aplicar esa filosofía a nuestro día a día? ¿Qué puede aportar el bushido a las personas, hombres y mujeres, del siglo XXI?
 
En tiempos de turbulencia como los que vivimos, la ansiedad comienza a convertirse en una segunda naturaleza para la mayor parte de los seres humanos: ¿perderemos el trabajo? ¿El país se irá a pique? ¿Podremos solucionar el calentamiento global? ¿Caeré enfermo? ¿Se agotará el agua? La lista de preguntas y pesadillas que nos acechan es ciertamente extensa. Latiendo por debajo de todas ellas se halla el debilitado pero inextinguible instinto de supervivencia. ¿Viviré o moriré?
 
 
"«Para ser un perfecto samurái es preciso prepararse a morir mañana y tarde, e incluso todo el día»"
Es bien conocida la respuesta samurái a esta cuestión, y aparece no pocas veces recogida en el Hagakure —el libro de cabecera de Yukio Mishima, quien no dudó en recoger algunas impresiones dedicadas a las siguientes generaciones en Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis—. El Hagakure, escrito por Jocho Yamamoto a principios del siglo XVIII, arranca con un párrafo que contiene dos de las afirmaciones más contundentes al respecto: «En el momento crítico, cuando existen tantas posibilidades de vida como de muerte, es necesario escoger la muerte de forma inmediata» o «Para ser un perfecto samurái es preciso prepararse a morir mañana y tarde, e incluso todo el día».
 
 
Yukio Mishima
 
¿Se sigue de aquí que debemos rendirnos a ese fanatismo temerario? ¿Qué significa en realidad esa apuesta por la muerte? ¿A qué se refiere Platón cuando afirma que la filosofía es una preparación para la muerte? Leamos entre líneas; vayamos más allá de los conceptos de «círculo de influencia» y «círculo de preocupación», así como de algunas ideas un tanto manidas (aunque no por ello menos válidas), como que lo decisivo no es lo que nos sucede sino el modo en que reaccionamos a ello. En otras palabras: hay cosas que dependen de nosotros y de nosotras y otras, sencillamente, no. Sin lugar a dudas, la muerte es el aspecto de la existencia ante el cual más impotentes nos sentimos, si bien es algo a lo que cualquier ser deberá enfrentarse tarde o temprano.
 
 
"El bushido nos aporta una valiosa tabla de salvación: la apuesta por la muerte es la aceptación de lo inevitable"
Es aquí donde pienso que el bushido nos aporta una valiosa tabla de salvación: la apuesta por la muerte es la aceptación de lo inevitable. Actitud que no difiere demasiado de la ataraxia (o la disminución de pasiones, deseos y temores que puedan alterar nuestro equilibrio y turbar nuestro ánimo) abrazada por los estoicos —entre otros—. Por su parte, el maestro tibetano Chögyam Trungpa, en algún lugar de Shambala. La senda sagrada del guerrero, deja caer que el verdadero guerrero debería mostrar la misma actitud si alguien le regalase un millón de euros o le amenazase con un arma. De este modo, no estaría sino llevando a cabo la aceptación completa de lo que el destino le deparase (tanto aquello que tiene el poder de modificar como aquello que no, pues ambos aspectos forman parte de la vida).
 
 
 
En este sentido, el Hagakure nos ofrece un pasaje mucho más amable que, no obstante, encierra el mismo significado:
 
Existe lo que se da en llamar «actitud ante la tormenta». Cuando a uno le alcanza un inesperado chaparrón, se pueden hacer dos cosas: o bien se echa a correr lo más rápido posible, o se pone uno a resguardo bajo los aleros de las casas que bordean el camino. De todas formas, siempre se terminará mojado. Pero si uno se prepara mentalmente, y con anticipación, a la idea de quedar mojado, no se sentirá muy contrariado por la llegada de la lluvia.
 
Se puede aplicar beneficiosamente este principio a cualquier circunstancia.
 
 
"No es necesario desenvainar la katana a la primera de cambio, ni emular a Mishima en sus horas más oscuras"
A la luz de estas consideraciones, resulta sencillo advertir que no es necesario desenvainar la katana a la primera de cambio, ni emular a Mishima en sus horas más oscuras, ni siquiera arrojarnos en brazos de la muerte y el abandono sin más. Al contrario, la valiosa enseñanza que nos ofrece este escenario es una invitación a desarrollar la templanza, a mantener la entereza y a aguantar los reveses de la vida (a fin de cuentas, no hay mal que dure más que ninguno de nosotros, y todo está sujeto al cambio), a poner toda la carne en el asador, a entregarnos en cuerpo y alma a la tarea que nosotros mismos nos hayamos encomendado. En definitiva, a resistir con elegancia los envites, a tener fe en la victoria, y a asumir sin miedo ni tristeza que un día, al igual que aquello que amamos u odiamos, también nosotros desapareceremos.
 
En la próxima entrega hablaremos de cómo convertir nuestras aparentes debilidades en nuestra verdadera fortaleza. Nos acompañarán Robert Downey Jr., Sherlock Holmes, Bruce Lee y «Ō-sensei» Morihei Ueshiba (foto), entre otros. ¿Qué puede salir mal?
 
Be water, my friend…