13 de March del 2018

River y Boca por la gloria en final Supercopa Argentina

Por Luis Ampuero (Buenos Aires, Argentina)

La selección argentina de fútbol ganó su primera Copa del Mundo en 1978, año en el que tuvo a su cargo la organización del XI Mundial, con sedes en Buenos Aires, Córdoba, Mar del Plata, Rosario y Mendoza. La por entonces autoritaria Junta Militar que gobernaba al país desde el golpe de estado del 24 de marzo de 1976, utilizó el torneo y la pasión de los argentinos, para tapar las aberraciones de su gestión con el cese a las libertades individuales y la práctica de la represión como su principal arma de poder. Mientras se construían estadios nuevos y el país futbolero se preparaba para la cita mundialista, un grupo de madres con pañuelos blancos caminaban alrededor de la Plaza de Mayo reclamando la aparición con vida de sus hijos desaparecidos por la dictadura.

Mendoza, donde se construyó completamente el estadio con capacidad para casi 43.000 espectadores, fue sede del Grupo D que integrarían Perú, Países Bajos, Escocia e Irán.

Originalmente el estadio se llamó “Ciudad de Mendoza”, pero luego fue rebautizado como “Malvinas Argentinas”, tras el conflicto bélico que llevaron a cabo Argentina e Inglaterra en el Atlántico Sur en 1982. Por entonces el presidente de facto, Leopoldo Fortunato Galtieri decidió ocupar por la fuerza las Islas Malvinas -el 2 de abril de ese año- con un ejército novato, de chicos de 18 años que sufrieron el hambre y frío, y que ni siquiera sabían manejar sus armas oxidadas ante un enemigo altamente profesional.

Pasados y no olvidados los magros tiempos de dictaduras y vueltos a la democracia, el estadio tomó preponderancia escénica y pasó a ser utilizado como escenario de varios espectáculos, siendo el más destacado el tradicional y pasional “Superclásico” del fútbol argentino entre River Plate y Boca Juniors.

El miércoles 14 de marzo River Plate y Boca Juniors, los equipos más poderosos del fútbol argentino, se encontrarán en ese estadio para dirimir el título de la Supercopa Argentina, final que está reservada al ganador de la Copa Argentina (River) y al campeón del torneo local (Boca).

Esa final, la segunda de ese tenor en la historia de los poderosos después  de la que ganó 1-0 Boca en el estadio de Racing Club en 1976, despertó una gran expectativa. Mendoza, que cuenta con mayoría de simpatizantes de River, quedará paralizada y todo un país estará pendiente de lo que suceda entre el equipo del técnico de River, Marcelo Gallardo y el de Boca conducido por Guillermo Barros Schelotto.

Desde varios días antes se agotaron los tickets para el encuentro, los pasajes aéreos a Mendoza y los hoteles están ocupados en un 90 por ciento.

PRESENTES OPUESTOS

Ambos equipos llegarán al choque con presentes muy distintos. Boca, ostentando desde hace seis meses la punta de la Superliga Argentina, mientras que River lo hará cargando un presente de dudas que lo tiene deambulando en el puesto 18 del torneo tras 19 fechas disputadas.

Pero como suele suceder en esta clase de partidos, y como muchas veces lo marcó la historia de los clásicos, los favoritismos quedan a un lado. El triunfo para Boca será confirmar su gran presente y le permitirá ser el verdugo del fracaso del eterno rival. Un eventual triunfo dejará a River en carrera para tratar de encontrar su juego en lo que queda del torneo y potenciar su camino en la actual Copa Libertadores de América.

La necesidad, o la obligación imperiosa  de ganarle al rival de toda la vida quedó evidenciada en los mensajes de hinchas, dirigentes y jugadores. El defensor colombiano Frank Fabra, que ya sabe de jugar clásicos desde que está en Boca, dijo sentir la obligación de darle una alegría a sus hinchas.

“El miércoles es una final muy difícil, todos los partidos con River son finales y más esta en la que hay una copa en juego. Sabemos  que tenemos que dejar el 100% y ganarlo como sea”, dijo el colombiano.

Por su parte, el mediocampista de River, Enzo Pérez, quien dijo sacrificar cosas para dejar Europa y jugar en el club del cual es hincha, resaltó lo especial que será la final que todo jugador quisiera protagonizar.

 "Me encantan estos desafíos. Va a ser un día hermoso para todos, más allá del nerviosismo y la ansiedad. Tenemos que estar preparados, hay que jugarlo como lo que es: una final. Tanto para ellos como para nosotros va a ser un día especial, por todo lo que se va a vivir".