18 de November del 2016

Trump contra la prensa

Si se mira desde un punto de vista riguroso, el presidente electo de EEUU, Donald Trump, no sostuvo que el The New York Times miente. Pero no es la literalidad lo que importa sino la tendencia de decir que el prestigioso diario neoyorquino falsea la realidad. Tampoco es tan ingenuo para ignorar que la política tiene muy pocos puntos de contacto con la pulcritud semántica y mucho con los sobreentendidos. Trump tuiteó que es “totalmente falso” lo que el diario informó acerca de sus dificultades para elegir los colaboradores y funcionarios de primera línea que lo acompañarán desde el año próximo.

Esa información no fue exclusiva del The New York Times sino también de otros medios. Pero Trump focalizó hacia ese objetivo porque hace tiempo que mantiene una dura batalla contra ese medio. Es una estrategia muy conocida, en EEUU y en el mundo, contra todo el periodismo que no se sometió a la dádiva de algún gobierno de turno. 

Trump comenzó sus críticas y su lloro, decepcionado por la “mala” cobertura sobre él y su campaña, y porque ahora el The New York Times se hace el tonto para ocultarla informando falsedades, léase mentiras.

Lo cierto es que Trump, siguiendo en su línea de superhéroe infalible, no tenía esas decisiones resueltas. Y teme que por debajo de las vociferaciones se cuele y tome vuelo entre sus votantes la impresión -sospechada- de que improvisa. Lo que copia Trump de otras latitudes es transferirle a la prensa el rol de directo opositor político camuflado tras el libre ejercicio de la información o la opinión. Quiere convertir a la prensa en el partido político hipócrita a derrotar y desterrar. Sigue los pasos dados por Venezuela, Ecuador, Turquía, Rusia o China, entre otros tantos. Justamente entre las funciones de la prensa, tradicionales e incuestionablemente muchas veces confirmadas, está el alerta. Trump puede ser lo que muchos piensan y temen o, por el contrario terminar siendo un gobernante idóneo y confiable. Eso está, obviamente, por ser visto. Pero lo primero que se percibe hoy, ya electo inquilino de la Casa Blanca, sigue siendo el Trump de la campaña.

La seguridad de un gobernante la da su gestión pero también su mesura y su capacidad de análisis. El tiempo de los discursos amenazantes quedó atrás, pero esto no quiere decir que todas sus técnicas hayan ya quedado atrás. Y para que no queden dudas Trump ya advirtió: “Vamos a abrir las leyes de difamación y les vamos a entablar juicio como nunca antes. Les vamos a sacar mucha plata”. Advertencia con fondo amenazante.

Desde la óptica de muchos políticos de hoy en día, toda la prensa, inventa, está vendida a intereses espúrios y muchos argumentos más por el estilo. Demasiado parecido para no comprender, si hay honestidad intelectual, que al poder le molesta precisamente la existencia de un periodismo que expresa un punto de vista distinto al del poder. Un periodismo que no aplaude todo y critica cuando se utiliza el poder desde el Estado para beneficio de pocos.

En épocas de Richard Nixon, la difusión de los “Papeles del Pentágono” a través del The New York Times fue una batalla por la verdad, contra todo los pronósticos. El diario ganó la pulseada y sentó un precedente fundamental sobre la libertad de expresión.

Por Watergate, Nixon debió renunciar en 1974, tras asumir en 1969.