21 de June del 2017

Trump, secretismo y Twitter

Apenas un mes después de que el presidente de EEUU, Donald Trump, amenazara con poner fin a las ruedas de prensa de la Casa Blanca, su equipo minimiza esos encuentros con los periodistas y baraja una nueva andanada de cambios en su equipo de comunicación, en una muestra de la tendencia al secretismo en la nueva era republicana.

"Sean (Spicer) ha engordado". Con esa frase respondió el estratega jefe de la Casa Blanca, Steve Bannon, al mensaje de texto de una periodista de The Atlantic, que le preguntaba por qué se había prohibido el acceso de las cámaras de televisión a la conferencia de prensa diaria del portavoz de Trump.

La broma de Bannon circuló rápidamente entre los periodistas de la Casa Blanca, cada vez más inquietos ante un equipo de comunicaciones que en los últimos meses redujo el número, acortó la duración y minimizó el acceso a sus conferencias de prensa, que, además, ya no son diarias.

Spicer, vocero de la Casa Blanca, volvió a someterse a las cámaras por primera vez en ocho días, en una conferencia de prensa programada cuatro horas antes.

 

Trabajo diario

 

"La conferencia de prensa solo es un aspecto de lo que hacemos. Estamos aquí desde muy temprano por la mañana, hasta muy tarde por la noche, y respondemos preguntas", argumentó Spicer desde el estrado.

El portavoz de Trump tiene una relación combativa con la prensa desde su primer día en el cargo, el 21 de enero, cuando se estrenó en el puesto para fustigar a los periodistas por su cobertura de la investidura del republicano y acusarlos de haber ocultado el alcance de la multitud que acudió a verla.

Desde una Casa Blanca que ha llegado a argumentar que defiende "hechos alternativos" a los de la prensa, Spicer se quejó, en reiteradas ocasiones, sobre la cobertura "negativa" y "desmoralizante" que, a su juicio, la mayoría de los medios importantes hacen sobre Trump.

Tras varios meses de rumores sobre su posible renuncia al cargo, Spicer está ahora entrevistando a candidatos para sustituirle en la tarea de dar conferencias de prensa, mientras se prepara para ocupar un puesto de mayor rango, más relacionado con la estrategia comunicativa de la Casa Blanca.

Spicer respondió con un "sigo aquí" a la pregunta de si va a abandonar el cargo, aunque reconoció que su equipo baraja cambios desde que el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Mike Dubke, abandonó el cargo a fines del mes pasado. "Hemos estado reuniéndonos con gente que podría dar un servicio a esta Administración", admitió el portavoz.

La revista Politico indicó el lunes que Spicer contactó a Laura Ingraham -comentarista de la cadena Fox News y conocida por sus diatribas conservadoras- para ofrecerle el cargo de portavoz de la Casa Blanca, aunque ella dijo luego que la idea de encabezar las ruedas de prensa no es algo que se "muera" por hacer.

Sea cual sea el destino de Spicer, muchos observadores ven el caos en el equipo de comunicación de la Casa Blanca como un reflejo de la volatilidad del propio Trump, que intenta controlar el mensaje mediante sus tuits y "se frustra cuando los periodistas no siguen su guión", según sostiene la experta en comunicación política Tammy Vigil.

"La Administración de Trump ha tratado de manipular las conferencias de prensa debido a su deseo de secretismo y control, pero también por su desdén respecto a los medios generalistas, un desdén que tiene que ver con su incapacidad de controlar a la prensa", explica Vigil, profesora en la Universidad de Boston.

Es un secreto a voces en Washington que Trump está decepcionado desde con Spicer y prefiere a su "número dos", Sarah Sanders, que se ha arriesgado menos, pero que hoy no parece interesada en convertirse en la principal portavoz.

"Spicer no se ha ajustado bien al cargo", opinó Vigil, quien ve "poco común" que haya un cambio en un puesto tan visible de una Administración de EEUU que apenas lleva cinco meses en el poder.

La mayor parte del problema, sin embargo, es que hay enormes incoherencias en los mensajes que envía la Casa Blanca: "muchas de ellas causadas por el propio Trump, tanto en Twitter como en otras comparecencias públicas", reflexionó Vigil.

"Trump y su equipo juegan con la verdad, y eso hace difícil construir un mensaje coherente y defendible. Por eso, Spicer estaba destinado a fracasar y quien le reemplace tendrá seguramente problemas similares, a no ser que se arregle el problema de raíz", agregó la experta.