5 de August del 2020

Una tradición que se repite

 
Como Fernando VII en 1808. Como Isabel II en 1868. Como Alfonso XIII en 1931. La decisión de abandonar España que ha tomado el exrey Juan Carlos I de Borbón forma parte de una larga tradición familiar, la de tantos otros entre sus antepasados que se vieron obligados a huir.
Juan Carlos I abandona su patria acosado por las consecuencias de su corrupción. Nació en el exilio y probablemente no volverá a regresar a su país.
 
Los escándalos empezaron con una cacería de elefantes en Botsuana, en 2012. El entonces rey Juan Carlos I se rompió la cadera en un suntuoso safari y España descubrió que estaba allí acompañado de su entonces amante, la aristócrata alemana Corinna Larsen. Aquella cacería y la condena a cárcel por corrupción a su yerno, Iñaki Urdangarin, le acabaron costando el trono. Con su popularidad desplomada, en 2014 el rey decidió abdicar tras recibir numerosas presiones del poder político y económico para que se apartara. Su hijo, Felipe VI, heredó una corona manchada por los escándalos de su padre, quien se sacrificó para salvar a la dinastía. Un cortafuegos contra un incendio que, en ese momento, solo acababa de empezar.
 
En los últimos meses, en plena pandemia del coronavirus, dos investigaciones judiciales en España y Suiza han destapado los detalles sobre las finanzas del exrey que explican por qué huye del país.
 
Cien millones de dólares en una cuenta en un banco suizo, a nombre de una fundación opaca de Panamá. Un presunto regalo de 65 millones de euros a Larsen. Otro millón más para otra de sus amantes, la española Marta Gayá. Transferencias millonarias de los monarcas saudíes, aún no se sabe a cambio de qué. Un lujoso ático en Londres, regalado por el sultán de Omán, y que después vendió por 62 millones —20 millones de los cuales no se sabe dónde están—. Dos millones de euros que el propio rey llevó a Suiza en una maleta llena de billetes, según declaró su contable ante la Fiscalía de Ginebra. Presunto pago de comisiones, blanqueo de capitales y fraude fiscal.
 
Juan Carlos I cobraba oficialmente del dinero público alrededor de 200,000 euros anuales. Una minucia, comparada con el patrimonio oculto en paraísos fiscales que ha llegado a acumular durante su reinado. De sus cuentas en Suiza, para sus gastos, el rey Juan Carlos I sacaba cada mes 100,000 euros en efectivo. Larsen asegura que el dinero llegaba a Madrid en maletas, a través del aeropuerto militar de Torrejón. Y que en la residencia oficial del rey de España, el Palacio de la Zarzuela, había una máquina para contar billetes.
 
 
El exrey de España aún no ha sido formalmente acusado por la justicia. Su abogado asegura que responderá ante los tribunales españoles, si se le requiere. No está claro que tal cosa vaya a pasar, porque la Constitución española le otorga inmunidad judicial durante todos los años que reinó.
 
Juan Carlos I solo podría ser juzgado por los hechos posteriores a su abdicación, en 2014. Pero las investigaciones abiertas en Suiza y en España sobre sus finanzas han precipitado su salida del país, rumbo al exilio, en un destierro sin honor. La decisión la comunicó Felipe VI. Hace ya cinco años que el instituto público de demoscopia no pregunta por la aprobación del rey actual en las encuestas.
 
En 2019, los abogados de Larsen se pusieron en contacto con la Casa Real para intentar negociar, aunque no está claro qué. Ella acusa a los servicios secretos españoles de amenazarla de muerte, de que “iba a acabar como Lady Di”. Le hicieron llegar a Felipe VI documentos que demostraban que había sido nombrado como beneficiario de las cuentas de su padre en Suiza.
 
Cuando llegó esa carta, Felipe VI renunció a la herencia de su padre, un nuevo cortafuegos que no comunicó hasta el año siguiente, cuando la prensa inglesa reveló más detalles sobre esas cuentas en paraísos fiscales. Fue hasta marzo de 2020, en el peor momento de la crisis del coronavirus, cuando Felipe VI hizo público un comunicado desmarcándose del patrimonio oculto de su padre.
 
La crisis de la monarquía también está agravando la polarización en España, que vive uno de sus momentos más crispados de su historia reciente. La derecha y la extrema derecha siguen defendiendo a los dos reyes: al padre y, más aún, al hijo. Pero en la izquierda, el respaldo a la monarquía no es tan unánime. La mayoría de los dirigentes del Partido Socialista Obrero Español, del presidente Pedro Sánchez, respaldan públicamente a Felipe VI, aunque sus votantes son mucho más críticos con la monarquía, según las encuestas. Y desde el partido Podemos, socios del gobierno de Sánchez, las críticas a la monarquía son mucho mayores.
 
En las regiones de Cataluña y Euskadi, el apoyo al rey es aún más bajo. Desde el parlamento catalán, de mayoría independentista, se ha llegado a votar la reprobación de la monarquía.
 
Juan Carlos I iba a pasar a la historia por ser el rey que lideró la transición a la democracia, tras la dictadura del general Francisco Franco, quien le nombró como sucesor. Durante su reinado, España ha vivido algunos de sus años de mayor prosperidad. Nadie apostaba por la continuidad de la monarquía cuando llegó a la jefatura del Estado. Logró consolidar el trono por su habilidad en algunos de los momentos más críticos de la transición, y también por la complicidad y el silencio de la gran mayoría de los medios de comunicación, que miraron hacia otro lado durante décadas. Juan Carlos I estaba blindado legalmente y tampoco fue fiscalizado por la prensa. De esa impunidad llegó el abuso y la corrupción que ahora sale a la luz.
 
 
¿Logrará Felipe VI cerrar esta crisis de la monarquía y mantenerse como jefe del Estado? No es una pregunta fácil. A favor del rey juega el sistema constitucional español, que impide cualquier reforma legal del modelo de Estado si no se cuenta con una mayoría muy amplia, que es imposible sin el acuerdo con la derecha. En su contra, que los escándalos de corrupción de su padre no van a remitir con su salida de España. Y que resulta muy difícil de creer que el hijo fuera completamente ajeno a esos negocios.
 
La estadística histórica tampoco le garantiza un reinado tranquilo a Felipe VI. La dinastía Borbón llegó al trono de España hace casi tres siglos, pero los dos últimos no han sido precisamente tranquilos. Desde 1800, la monarquía se ha interrumpido en España en varias ocasiones. Desde 1808, no ha habido tres borbones consecutivos en el trono cuyos reinados no fueran interrumpidos por una guerra, una república, otra dinastía o una dictadura.
 
El rey Juan Carlos I nació en el exilio, en 1934, en la Roma del fascismo italiano, donde su familia se refugió tras perder la Corona de España por tercera vez en poco más de un siglo. Su abuelo, Alfonso XIII, tuvo que escapar del país con la proclamación de una Segunda República que llegó a España por el mismo motivo que le costó la corona a su anfitrión italiano, Víctor Manuel III. El rey de Italia perdió el trono por su complicidad con Benito Mussolini. El de España —Alfonso XIII— lo perdió por apadrinar la dictadura de Miguel Primo de Rivera, además de por sus escándalos de corrupción.
 
De aquellos años se atribuye al escritor Ramón María del Valle Inclán la siguiente frase: “Los españoles han echado al último Borbón, no por rey, sino por ladrón”.